¿De qué ella habla?

Cuando me empecé a especializar en seguridad mi esposo bromeaba que mis conversaciones parecían sacadas de tiras cómicas de súper héroes y que solo les faltaban onomatopeyas tales como POW BANG BAM BUM… tal cual los textos que acompañaban las peleas entre Superman y Lex Luthor. Comencé a utilizar palabras extrañas como salvaguardar, malversar, malandrines, disuadir, apetito del riesgo, mitigar… asociados de negocios… en fin… que uno se va acostumbrando y termina perdiendo la perspectiva y hasta las miradas extrañas de tus interlocutores ya se te hacen cotidianas. Y no hay cosa que aleje más que el vocabulario.

Me pasa mucho en cada Taller de Riesgos que imparto por lo que dedico gran parte de la preparación de los mismos en acercar los términos enredados, a nuestros riesgos cotidianos, a fin de lograr que mis participantes entiendan que forman parte de nuestro día a día e ir disminuyendo esas miradas de say what? que a veces surgen. Y el lío es que, como bien dice mi director de teatro Manuel Chapuseaux, cada palabra tiene su porqué, su razón de ser, y no es posible sustituirla por un sinónimo que se nos haga más familiar.

Con relación a los asociados de negocios este solo término aleja porque no lo entendemos como lo que son, clientes y suplidores y demás partes interesadas con las que nos relacionamos a diario; esto no nos permite entender que lo que las normas de seguridad exigen no es más que investigar aquella entidad con la que llevaremos a cabo relaciones de negocios, identificar los posibles riesgos y protegernos acorde a ellos.

Por ejemplo, hace unos años decidimos vender mi guagua (que habíamos comprado con mucho sudor y lágrimas luego de que nos robaran otra guagua a punta de pistola, pero ese es cuento de otro artículo…). Decidimos acercarnos a una persona amiga y conocida, ya habíamos hecho negocios antes y la experiencia había sido positiva, conocíamos a su padre quien era el dueño del dealer de carros que ahora el manejaba. “A chepa” conocíamos su apellido pero las experiencias pasadas nos hicieron relacionarnos sin el más mínimo asomo de preocupación.

Ironías de la vida, preparando yo precisamente uno de los talleres de riesgos que imparto para BASC, me llama el dealer y me dice que tiene un comprador, que necesita que le firme cuanto antes la matricula. Me lleva la matricula, confiada en mi relación de “conocidos” se la firmo y me entrega un cheque: el cheque resultó no tener fondos.

Entre promesas e incumplimientos de semanas y semanas decido googlear su cédula, ni siquiera tuve que pagar empresa ni investigador alguno, simplemente entré su cedula en google, ¿están leyendo? Solo entré su cedula en google! y arrojó que ya había estado preso en Najayo en varias ocasiones por cheques sin fondo. Si hoy día la googlean verán que está declarado en rebeldía. Tres juicios después aún no hemos podido recuperar ese dinero y ya lo damos por perdido. Otra cosa hubiera sido de yo haber googleado su cédula antes de hacer la transacción.

Hoy, 4 años después, se nos presentó la oportunidad de llevar a cabo una venta importante; cuando nos llamó el potencial comprador le solicitamos su cédula e hicimos la depuración de seguridad. Había cometido un crimen hace unos 20 años, ¡vaya!, pero todos tenemos derecho de superar faltas pasadas ¿o no? De manera que sí, hicimos la transacción con esa persona, pero ahora tomando todas las precauciones de lugar acorde a los riesgos relacionados que gracias a la depuración ya conocíamos.

Así que mis amigos, sepan que los términos enmarañados y laberínticos envueltos en los riesgos tratan directamente de lo que nos pasa a diario. Busquen familiarizarse con ellos, y mientras lo logran, de por dio!, por lo menos “googleen” la cédula de aquel con el que harán alguna transacción importante, y si no se las quiere dar, KAPOW !! con esa operación, es decir: ni si quiera contemplen llevarla a cabo.

Publicado originalmente en BASC Rep.Dom.

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